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Escuela Técnica Superior de Ingeniería
Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas

‘Gotas de recuerdos: caceras históricas, origen de vida’

Una exposición sobre los canales de agua casi milenarios que se conservan en la vertiente segoviana de la sierra de Guadarrama puede verse en el vestíbulo del edificio Agrícolas de la ETSIAAB hasta el día 16 de noviembre.


La sierra de Guadarrama es un gran reservorio de agua debido a la nieve que va filtrándose poco a poco con el deshielo en acuíferos superficiales. Los torrentes y los arroyos de montaña deben su agua durante la época de sequía a estas reservas que, en forma de manantiales, afloran en superficie. Pero estas corrientes se encajan rápidamente en valles estrechos y fríos, mientras que las poblaciones se sitúan en las zonas más llanas y soleadas, de modo que la única manera que existía hace siglos de transportar el agua era por gravedad desde las cabeceras mediante canales denominados caceras. Una exposición organizada por el Aula de Cultura Hontanar sobre este patrimonio casi milenario que aún se conserva en la provincia de Segovia puede verse en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB), en el vestíbulo del edificio Agrícolas, hasta el día 16 de noviembre. Su título, Gotas de recuerdos: caceras históricas, origen de vida.


Exposición en el vestíbulo del edificio Agrícolas


Lejos de desperdiciar agua, las caceras crean un microclima, retrasan el hidrograma de los ríos ensanchando el efecto río, mantienen las poblaciones de fauna y flora y convierten en vergeles los territorios que cruzan. Gracias al encharcamiento de las superficies que regaban, prados y dehesas de fresnos surgían con una gran diversidad de especies. A la vez, las caceras generaban depósitos naturales de agua, que afloraba lentamente durante la estación seca por manantiales y fuentes para el abastecimiento de la población y el mantenimiento del ecosistema. El Aula de Cultura Hontanar recuerda que hoy, sin embargo, prados, cercas, fresnedas y charcas sufren el silencio de las regueras secas y olvidadas; y, con ello, la pérdida de su biodiversidad. Por esta razón, sus responsables consideran que las caceras, casi ya en extinción, son sistemas de gestión hídrica de los que cabe aprender, tanto por su valores sociales y culturales como agronómicos y ambientales.


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